Por qué ayudar a la Iglesia en sus necesidades materiales?

Ayudar a la Iglesia en sus necesidades – Artículo escrito por Raúl Sánchez K.

fuente: http://www.notidiocesis.com (con modificaciones)

Definición

El Catecismo de la Iglesia Católica define al quinto Mandamiento como el «ayudar a la Iglesia en sus necesidades» (n. 2043), y señala la obligación de ayudar, cada uno según su capacidad, a subvenir a las necesidades materiales de la Iglesia.

Antes este Mandamiento se expresaba como «pagar diezmos y primicias a la Iglesia de Dios», lo cual significaba un modo concreto de validarlo.

Necesidades materiales y espirituales

El Código de Derecho Canónico expresa: «Los fieles tienen el deber de ayudar a la Iglesia en sus necesidades, de modo que disponga lo necesario para el culto divino, las obras apostólicas y de caridad y el conveniente sustento de los ministros» (can. 222).

Aquí se manifiesta la necesidad de lo material en orden a la promoción del bien espiritual de los miembros de la Iglesia y, aún más allá, de todos los hombres.

Razón

La obligación de ayudar económicamente a la Iglesia deriva del hecho de que ésta, aunque divina por su origen y finalidad, se compone de elementos humanos y tiene necesidad de recursos para cumplir su misión. Cristo dijo a sus discípulos: «el que trabaja tiene derecho a la recompensa» (Lc 10,7), y San Pablo: «El Señor ha ordenado que los que predican el Evangelio, vivan del Evangelio» (1Cor 9,14).

La Iglesia, al ser Madre y preocuparse de las necesidades espirituales y materiales de sus hijos, reclama de ellos oraciones, sacrificios y limosnas. Con ello puede ayudar a los más necesitados: los pobres, las misiones, los seminarios, etc.

Diezmos y primicias

En épocas pasadas el deber de ayudar a la Iglesia se concretaba en la entrega de diezmos -la décima parte- o las primicias -las primeras recolecciones- de los frutos de la tierra y los animales. Actualmente se ha dispuesto de manera distinta, variando las indicaciones de región en región. En nuestra diócesis se concreta con el ‘diezmo’, según indicaciones específicas.

Antiguo Testamento

El diezmo del Antiguo Testamento tenía también una importante orientación hacia la caridad con los pobres: «El tercer año, el año del diezmo, cuando hayas acabado de apartar el diezmo de toda tu cosecha y se lo hayas dado al levita, al forastero, a la viuda y al huérfano, para que coman de ello en tus ciudades hasta saciarse» (Dt 26,12)

Medida

La Iglesia enseña la doctrina paulina sobre la obligación de los fieles de contribuir generosamente con las necesidades de la Iglesia según sus posibilidades, pero el modo en que se cumple esa obligación no está definido por la ley. La medida es el amor y la capacidad de cada uno.

Cristo no rechaza el diezmo pero enseña una referencia nueva: dar ya no el 10% sino darse del todo por amor, sin contar el costo.

En ninguna de las cuatro veces que el diezmo aparece en el N.T. (Mt 23,23; Lc 11,42; 18,12; Hb 7,2-9) se nos enseña a guiarnos por esa medida. La Nueva Alianza no se limita a la ley del 10% sino que nos refiere al ejemplo de Jesucristo que se dio sin reservas.

Más información: