Entrevista al p. Paolo Sottopietra

Entrevista al P. Paolo Sottopietra

PROGRAMA “RAÍCES” en RADIO MARIA

Emitido el 12 de diciembre de 2015

 

La Fraternidad de Los Misioneros de San Carlos Borromeo es una congregación joven, acaba de cumplir 30 años, y esta celebración es la que nos ha traído hasta aquí a nuestro invitado de hoy, Superior General de la Fraternidad, Don Paolo Sottopietra.

 

PREGUNTA ¿Cómo surgió la Fraternidad? Háganos un poco de historia.

 

DON PAOLO: La Fraternidad san Carlos nació en el año 1985 en Roma. En el origen esta el padre Massimo Camisasca, hoy obispo de Reggio Emilia-Guastalla (Italia), que empezó con otros compañeros una asociación sacerdotal que fue reconocida por el cardenal Ugo Poletti. Contemporáneamente a esto surgió el seminario en Roma que acogía a diez chicos todos pertenecientes a la experiencia de Comunión y Liberación, movimiento al cual nosotros pertenecemos. Un hecho importante que tenemos que recordar fue el discurso que el Papa Juan Pablo II dirigió al movimiento de Comunión y Liberación un año antes, en 1984. En este discurso el Papa dio mucha importancia a la nueva evangelización, nos envió en misión, por así decirlo. La Fraternidad nace como respuesta a esta petición del Papa de ir por todo el mundo a anunciar a Cristo como Belleza, como Justicia, como respuesta al deseo profundo que sale del corazón.

En 1989 recibe la ordenación el primer sacerdote formado por la Fraternidad, el padre Agostino, y sale hacia Brasil. Nuestra primera presencia arraigó en Petrópolis. El año siguiente, en 1990, recién caído el muro de Berlín, se empezó una presencia en Novosibirsk (Siberia). Ésta fue una misión muy importante para la Fraternidad que acababa de nacer y enviaba a sus misioneros a una tierra que había estado siempre muy cerrada. A partir de aquí hemos abierto unas 25 casas por todo el mundo. Hoy somos 150 sacerdotes y 35 seminaristas. Un hecho importante de nuestra historia es el nombramiento de nuestro fundador, padre Massimo Camisasca, como obispo de Reggio Emilia-Guastalla. También el arzobispo de Moscú es un sacerdote de nuestra Fraternidad.

 

PREGUNTA: En la Iglesia hay muchas congregaciones misioneras, en España son 143. Con un abanico tan grande donde elegir se podría pensar que ya no se necesitan más. ¿Qué novedad ofrece la Fraternidad San Carlos a este conjunto de opciones misioneras?

 

DON PAOLO: La Fraternidad no nace de un proyecto. No teníamos la pretensión de llevar algo nuevo a la Iglesia. La Fraternidad nace del encuentro del padre Massimo Camisasca con el padre Luigi Giussani y del deseo de vivir el cristianismo y la misión a partir de la experiencia del padre Giussani. Si hay una novedad que llevamos , ésta es la comunión entre nosotros, la unidad de la tarea, de la misión, del cuidado que buscamos y que tratamos vivir en nuestras casas.

 

PREGUNTA: En Brasil, en Siberia…. No debe ser fácil poner en marcha una misión en estos lugares. ¿Cómo se inicia la decisión de abrir estas casas?

 

DON PAOLO: Se abre una presencia cuando hay un obispo que desea que trabajemos en su diócesis. El impulso, el comienzo de una misión es la necesidad que tiene la Iglesia y que nos permite trabajar con la gente. Al principio buscábamos a obispos que estuvieran dispuestos a acogernos y a darnos la confianza necesaria para empezar. Ahora es al revés: tenemos muchas peticiones por parte de los obispos pero no tenemos las fuerzas para responder a ellas. Un segundo factor importante son las necesidades del Movimiento de Comunión y Liberación. Queremos vivir nuestra misión dentro de este carisma, vivir con esta sensibilidad nuestra tarea misionera donde estamos: aceptamos parroquias y hay sacerdotes que dan clases en colegios, en universidades… en fin, nos ponemos a servicio del obispo y de la diócesis. Otro factor importante es la disponibilidad de los sacerdotes: nosotros ponemos mucha atención en examinar cual podría ser la tarea adecuada para cada uno de nosotros para que se pueda servir a la Iglesia cada uno con sus dones. El sacerdote tiene que ser una persona cumplida que hace bien el trabajo que se le pide.

 

PREGUNTA: Los sacerdotes se forman en el seminario que la Fraternidad tiene en Roma. Nos acompaña también el padre Tommaso Pedroli, párroco de una parroquia en Fuenlabrada, ¿qué diferencia hay entre la formación de un sacerdote diocesano y uno misionero?

 

DON PAOLO: La cosa más importante es que la persona decida por su pertenencia a la Fraternidad, un lugar particular dentro de la Iglesia. Veo más factores que nos acercan a los sacerdotes diocesanos que diferencias. Hay que preparar a los jóvenes a vivir una distancia en las relaciones más primarias, más vivas, como con los padres. También hay que prepararlos a la disponibilidad a aprender otro idioma, a vivir en otra cultura, a llevar el sacrificio de no poder expresarse como si estuviesen en su país. Pero lo más importante es desarrollar en la persona un sentido de pertenencia al cuerpo vivo de la Fraternidad. Tiene que ser un hombre que desea compartir la vida con sus compañeros misioneros y formar parte de un cuerpo guiado por sus superiores. Nuestro fundador hablaba de una estructura monástica de la Fraternidad. Nos concebimos como hombres que viven una vida de silencio y oración, y que quieren anunciar la vida de la Iglesia desde esta comunión, desde este punto de vista.

 

PREGUNTA: Como superior ha tenido ocasión de visitar todas las casas de la Fraternidad. Recuérdenos donde está la Fraternidad presente.

 

DON PAOLO: Empezamos en Latino América: estamos en Brasil, donde vive un sacerdote español que visita todas las comunidades del Movimiento presentes en el continente, estamos en Santiago de Chile con una comunidad grande: allí hay tres parroquias y una casa de formación. Luego en Ciudad de Méjico, en tres ciudades de EEUU – Washington, Denver y Boston. Tenemos casas en Nairobi (Kenia) y en Europa estamos en 6 grandes capitales: Madrid, Lisboa, Koln, Praga, Budapest, Viena, Moscú y Novosibirsk en Siberia. También en Taipei (Taiwan). Y en América latina se me olvidó antes Asunción en Paraguay. En Italia tenemos 8casas.

 

PREGUNTA: La Fraternidad se sitúa en lugares muy heterogéneos. La tipología de población es diferente en Asunción que en Boston. ¿Había un perfil concreto donde la fraternidad quería ir cuando se inició todo?

 

DON PAOLO: Como he dicho antes, la Fraternidad nace como respuesta a la invitación de Juan Pablo II de hacernos cargo de la nueva evangelización. Al principio miramos a los países de antigua evangelización: 6 casas en Europa, 8 casas en Italia… es un dato que expresa la atención con la que la Fraternidad  mira a los países que no están considerados como países de misión. Tres casas en EEUU dicen lo mismo. A lo largo del tiempo nos abrimos a países de más reciente evangelización como África y Taipei.

 

PREGUNTA: Habiendo viajado por todas las casas de la Fraternidad, cuéntenos alguna anécdota, algo que le haya sorprendido del día a día.

 

DON PAOLO: La estructura de nuestra vida es muy diferente, dependiendo de los lugares en los que vivimos. Pero antes de nada vivimos juntos: se trata de un desafío y una consolación al mismo tiempo. Tratamos de empezar el día rezando juntos y haciendo silencio, un tiempo de meditación que nos pone cada mañana de frente a Dios y a los hermanos de una forma adecuada, al menos como petición de que esto pase. Después empezamos el trabajo cotidiano y por lo menos una vez al día tratamos de comer y cenar juntos para compartir las experiencias para que la vida de cada uno sea compartida por los otros. El sacerdote muchas veces es una persona que trabajo sola y que piensa en soledad porque vive solo: tener una familia, hermanos que te acompañen en el día, tanto en las responsabilidades pastorales como en los temas más profundos de la vida, es muy importante. En cada casa tenemos un responsable que tiene que crecer como responsable de la vida, de la vocación de cada miembro. A él está confiada la tarea de ordenar la vida de la casa, nuestra propuesta misionera en un preciso lugar, de educar a un contacto frecuente y sobretodo vivo con el centro de la Fraternidad que está en Roma.

 

PREGUNTA: Nuestro invitado ha venido acompañado del Padre Tommaso Pedroli, actualmente párroco en Fuenlabrada, y queremos hacerle también partícipe de esta entrevista. Don Tommaso, cuando usted entró en el seminario ¿se había imaginado que se vería a su edad, 30 años, con la responsabilidad que le ha sido confiada por su congregación?

 

DON TOMMASO: Ni me lo había imaginado ni me lo había esperado. Cuando entré en el seminario empecé a ver lo hermoso que es responder a lo que Dios hace contigo, lo que te pide aunque no lo hayas buscado. Cuando me nombraron párroco y responsable de la casa de Fuenlabrada, me dí otra vez cuenta que tenia que responder a lo que Dios me pedía y que era más interesante que hacer lo que yo había pensado. Ponerse al servicio es una gracia, todos los días a través del trabajo que tengo que desarrollar, el Señor me dice yo te prefiero, yo quiero estar contigo aunque no habías pensado que me haría presente en esta forma, esto es lo mejor para ti. Y tengo que decir que es así: el Señor siempre sabe lo que te pide. Y también es verdad que los superiores saben lo que te piden, porque sé que me conocen, que tienen paciencia conmigo, que no estoy solo, que la responsabilidad la comparto con ellos, que me pueden corregir, ayudar en esto.

 

PREGUNTA: Retornamos al padre Paolo. La Fraternidad crece, no solo a lo largo sino a lo ancho. No solo son ya ciento cincuenta sacerdotes sino que han surgido también “las Misioneras de San Carlos Borromeo”. Cuéntenos algo sobre esta nueva modalidad.

 

DON PAOLO: Acabamos de celebrar diez años de fundación de esta rama femenina. La misioneras nacen a raíz del encuentro de Madre Rachele Paiusco con la Fraternidad de los misioneros. Rachele era una chica que estudiaba en la universidad de Milán y conociendo a los misioneros tuvo el deseo de compartir nuestra vida. Tenía el deseo de una vida religiosa pero no de clausura, sino de contacto con las personas; quería dar la vida en una disponibilidad a la misión por todo el mundo, había visto en la Fraternidad un modo de vivir juntos en casas como una ayuda a la vocación. Deseaba ser formada, servir la Iglesia a partir del carisma de Comunión y Liberación al que pertenecía. Todo esto convergía en un signo hacia la Fraternidad. En 2004 habló con el padre Camisasca comunicándole estos deseos y después de un año se mudó a Roma y empezó con otra chica la primera casa. Ahora las hermanas son 28, han abierto su primera casa en Nairobi y acaban de abrir una en Denver en EEUU. También tienen una casa en Reggio Emilia ayudando al obispo Massimo Camisasca.

 

PREGUNTA: Usted ha desempeñado todos los cargos directivos en la Fraternidad, siendo aún un hombre joven. El próximo sábado dará usted un testimonio en la Parroquia de san Juan Bautista de Fuenlabrada, durante los actos de conmemoración de este aniversario que celebran. Queremos que nos anticipe algo de sus vivencias durante todos estos años en la Fraternidad, como hombre  y como sacerdote.

 

DON PAOLO: Encontré Comunión y Liberación cuando tenia quince años a través de chicos de mi colegio y adultos que allí daban clase. Este encuentro marcó profundamente mi vida. Me mude a Milán para estudiar Filosofía y tenía el deseo de ser sacerdote pero no había encontrado el lugar donde esto fuese atractivo. En Milán encontré a don Giussani que me fascinó muchísimo. Lo que recibí de él me cambió la vida, me ayudó a responder a las preguntas que tenía abiertas desde hacía años. Me comunicó una pasión para anunciar a Cristo: la experiencia de los estudiantes en la Universidad Católica y en las demás universidades de Milán era una experiencia muy misionera. Invitábamos a los compañeros, vivíamos una vida muy bella y fascinante que proponíamos a todos. Así en el último año de universidad solicité ir a EEUU para estudiar allí. Había una pequeña comunidad del Movimiento y fue un año importante porque conocí al padre Massimo  Camisasca y a algunos sacerdotes de la Fraternidad. Cuando regresé a Italia tenia unos deseos muy claros, en mi corazón había decidido entregar la vida al Señor para servirle y responder a una llamada que sentía desde hacía muchos años. El encuentro con el Movimiento era para mi fundamental: buscaba un lugar donde ser formado y permanecer en esta sensibilidad de vivir el cristianismo. Los años pasados en Milán y especialmente el año en EEUU me habían abierto el horizonte de la misión y quería que esto formase parte de mi vocación, esencialmente y no como accidente. Quería dar mi vida como misionero, en los EEUU había encontrado la experiencia de los Memores Domini, nacidos de la experiencia de don Giussani, laicos que viven el trabajo en la memoria del Señor y viven en casas. Fue la primera experiencia de vida común que me atrajo mucho. Buscaba un lugar que me acompañase en mi tarea de ser sacerdote. Y la Fraternidad era la realidad que casi milagrosamente respondía a estos deseos. En el año 1991 entré en el seminario.

 

PREGUNTA: Todo esto ¿cómo lo ha vivido su familia?

 

DON PAOLO: Mi familia es una familia católica. Recibimos desde pequeños una educación a la oración, mi padre fue un testimonio esencial de fe para mí y para mis hermanos. Mis padres me habían dado siempre este testimonio de fe vivida. Cuando me marché a Milán para estudiar, les dije que quería ser sacerdote pero no encontraba un lugar que me fascinara lo suficiente. Ellos sabían que tenia esta idea y cinco años después cuando les dije que iba a Roma, al seminario, estuvieron contentos.

 

PREGUNTA: Háblenos del futuro. Hoy celebramos la memoria de nuestra señora de Guadalupe y la Navidad esta cerca, tenemos la fiesta de los Reyes Magos, y en España todos escribimos una carta a los Reyes pidiendo regalos. Escriba usted también una carta a los Reyes Magos pidiéndoles aquello que desea para la Fraternidad.

 

DON PAOLO: Para el futuro tenemos y no tenemos planes. El futuro depende de la fuerza con la cual nosotros decidimos vivir nuestra comunión, y tenemos deseos, que cada vez más jóvenes puedan encontrar a través del trabajo de nuestros sacerdotes a Cristo como sentido para la vida.

 

 

www.sancarlo.org