Primera homilía del diácono Stefano – domingo 23/8/2015

Primera homilía del diácono Stefano Motta al comenzar su actividad pastoral en la Parroquia de San Juan Bautista

Fuenlabrada, 23 de agosto de 2015

XXI domingo del Tiempo Ordinario, año B

 

 

En la primera lectura hemos escuchado una profesión de fe determinada: ¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a dioses extranjeros!

¿De dónde viene la fe del pueblo de Israel? No viene de la nada, sino de una historia que Dios empezó con su pueblo: nos sacó y a nuestros padres de la esclavitud; hizo grandes signos; nos protegió en el camino…

Son estos los hechos que sostienen la fe del pueblo de Israel. Dios no se conformó con darse a conocer dándonos datos sobre si mismo, sino que se ha hecho cercano al hombre. Que podamos conocer algunas cosas acerca de Dios es algo extraordinario, pero más extraordinario todavía es saber que nos quiere tanto que desea caminar a nuestro lado, hacerse uno solo con nosotros para que podamos estar con Él siempre.

Todos nosotros vivimos con un deseo de entregarnos plenamente y con gozo a las personas que amamos, y esto se ve con claridad en algunas amistades o en el matrimonio. No es casualidad que en la segunda lectura San Pablo hable a los Efesios comparando el matrimonio con la relación que Cristo ha establecido con la Iglesia: “por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne”. Es este un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.

Cristo se entrega a sí mismo, cumple plenamente este don de sí mismo que se llama caridad. Y la Eucaristía es la forma más importante que toma este gran don. Cristo desea tanto que nosotros estemos siempre con Él, que nos permite comer su cuerpo y beber su sangre.

Todos deseamos vivir esta entrega de nosotros mismos, sin embargo a menudo hacemos daño a los que más amamos: no somos capaces de vivir la caridad plenamente. Pero Dios sí es capaz, y deja que lo imitemos, aceptando el camino que ha elegido para que nos parezcamos un poco más a Él. De hecho, en el Evangelio de hoy podemos leer que muchos discípulos abandonan a Jesús: desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Se trata de los discípulos que no aceptan dar un paso hacia un terreno desconocido, no aceptan ser guiados hasta el final por Cristo. ¿Cómo podemos quedarnos con Jesús cuando nos pide cosas que no entendemos? ¿Quiénes son los que se quedan? Pedro y pocos más. ¡Pedro! Debemos dejarnos educar por Pedro cuando dice: Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabra de vida eterna.

Ni siquiera Pedro entendía, incluso renegaría de Jesús más tarde; pero el amor que Pedro tiene por Jesús es verdadero y llena el vacío de aquello que no podemos entender. Igual que Pedro podemos decir: “¡No entiendo!”, y al mismo tiempo: “Y sin embargo no hay nadie como Tú”, Jesús, que das sentido a mi vida. ¿Adónde iría si Te dejara?

Entonces preparémonos para recibir el don más grande, al mismo Cristo, la Eucaristía, pidiendo poder conmovernos del mismo modo que el corazón de Pedro.