La misión: dejar actuar a Otro

Testimonio del sacerdote misionero D. Domenico Mongiello
Fuenlabrada, 10 de noviembre de 2018

 

Dios me ha guiado sin abandonarme jamás. A los ocho años me había escapado y, con la paciencia de un padre, me había vuelto a conquistar. Así que hoy experimento en mi propia carne la certeza de que Dios es fiel. Lo que Él decide lo lleva a término, aunque siempre pasando a través de nuestra libertad.
Incluso más si cabe, de nuestro mal hace surgir un bien mucho mayor. Esto me permitió tomar conciencia de que, si hubiera dicho sí a la llamada de Dios a los ocho años, nunca me habría encontrado con la Fraternidad San Carlos. También Jesús vino porque Adán había pecado. Su muerte y resurrección han elevado al hombre a una dignidad ahora mucho más grande que la que tenía antes del pecado original.
No es que Dios necesite de nuestro mal para actuar con la sobreabundancia del bien. Y mucho menos esto supone una justificación de nuestro mal. Pero como dice Santo Tomás de Aquino, “la historia sucede de una forma determinada y nosotros debemos arrodillarnos ante la belleza de la misericordia de Dios”.
El dolor por mi pecado no ha desaparecido. En cierto modo se ha agudizado en los últimos años. A su vez ha crecido el amor por la Iglesia, la esposa preferida de Cristo, la gratitud por la pertenencia a la Fraternidad San Carlos, y el asombro por la belleza del carisma que me ha sido donado a través de don Giussani….

 

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