¿Qué dice la Iglesia acerca de los difuntos?

¿Cómo mantener una relación con las personas que nos han dejado?

Después de la muerte, mientras el cuerpo se deshace, el alma recibe el juicio de Dios por sus acciones, siendo destinada al Purgatorio o al Paraíso. Mientras tanto la Iglesia, máxime a través de los familiares, intercede por esa persona a través de la oración. Es por tanto correcto decir que «la vida de los queridos difuntos no termina, se transforma» porque el alma es eterna. Debemos, pues, encomendar el alma de los difuntos a Dios para que puedan acceder al Paraíso para contemplar el rostro de Cristo cuanto antes.

Se mantiene una relación rezando por ellos, ofreciendo sacrificios, indulgencias u oraciones. La oración más importante y eficaz es la Santa Misa. Son actos de caridad muy importantes y además, una de las siete obras de misericordia espiritual: «rogar a Dios por los vivos y los difuntos».

¿Por qué es útil ofrecer Santas Misas por los difuntos?

La Eucaristía se convierte en el espacio de un misterioso intercambio de amor y de oración con aquellos que ya han vivido su pascua decisiva hacia el Padre. Estamos más allá de un simple recuerdo doloroso: vivimos dentro de una misteriosa presencia unos y otros gracias al Misterio de Cristo.

La misa es Eucaristía, es decir: acción de gracias (en este caso, por el don de la vida de una persona que ya nos ha dejado) e intercesión, porque pedimos al Señor que perdone los pecados y las faltas del difunto y le permita gozar de la felicidad sin fin.

¿Qué clase de misas se pueden celebrar?

Tras el responso religioso en el tanatorio ante el cuerpo del difunto (recuerda pedirlo siempre al sacerdote), la misa de funeral suele ser la primera que se celebra después del fallecimiento de una persona querida. Suele ser una preciosa ocasión para crear comunión y transmitir a los familiares y a los amigos que participan nuestra identidad de cristianos. Se puede ofrecer en días señalados, dependiendo de las normas litúrgicas y la organización de la parroquia: de hecho, requiere una preparación (se celebra en el templo, con formularios especiales, etc…). Por eso es importante que, unos días o semanas antes, sea la familia del difunto la que se ponga en contacto con el sacerdote (y no otras personas, aunque lo hagan con buena intención).

En cambio, una misa por un difunto se puede celebrar cualquier día de la semana, por la mañana o por la tarde, siguiendo siempre las normas de la Iglesia (por ejemplo, aquí nunca en la misa de 12.30h los domingos o fiestas de precepto, que el párroco está obligado a ofrecer por toda la comunidad parroquial). También en este caso, sobre todo si coincide con un aniversario especial, es bueno reservarla con tiempo para garantizar su correcta celebración.
También se pueden ofrecer misas por categorías de personas por las que nadie reza, por ejemplo: las almas del purgatorio, los niños no nacidos, las víctimas de violencia de género, los sacerdotes difuntos…

Finalmente se pueden pedir Santas Misas gregorianas (30 misas seguidas) o novenarios (9 misas seguidas). Son celebraciones que tienen unas normas especiales y aportan un enorme beneficio espiritual al alma del difunto y a la persona que las ofrece.

¿Cuánto cuesta una misa por un difunto?

Nada. El sacramento en sí no tiene precio. La pregunta está mal planteada: no se trata de comprar una misa como si el misterio espiritual que se celebra tuviera un valor comercial. Lo que se puede y se aconseja dejar libremente es un donativo, que en nuestra parroquia no se destina al sacerdote celebrante, sino a la parroquia (sostener a los más pobres del barrio, la vida de la comunidad que aquí educa a la fe, los gastos de gestión del edificio). También por esta razón es un enorme acto de caridad el ofrecer misas por los difuntos. Si tienes preguntas acerca de esta cuestión, no dudes en preguntar a un sacerdote en la parroquia.

¿Hay otros aspectos que es bueno tener en cuenta?

Recuerda que el valor de la misa no depende de las veces que el sacerdote nombre al difunto durante la celebración, sino de la intención misma del sacerdote que aplica una santa Misa, es decir, los frutos espirituales, aunque no pronuncie nunca en voz alta el nombre.
Si ofreces una misa por un difunto, es bueno que antes de ese día te acerques a recibir el sacramento de la confesión (y se lo expliques a quienes vayan a participar) para que puedas recibir la Eucaristía en esa misa y aprovechar los frutos espirituales. Así se da una auténtica comunión con la persona por la que estás rezando.
Recuerda, además, que la Iglesia no está en contra de la incineración, siempre y cuando la urna se coloque en un columbario de un cementerio. Está terminantemente prohibido a los cristianos esparcir las cenizas en el medio ambiente o guardarlas en un lugar no apto, como por ejemplo tu casa: todo esto está en contra de lo que proclama la fe de la Iglesia. Encontrarás más información acerca de esto en la página www.vatican.va.

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