Saludo final P. Tommaso – Toma posesión – 23/11/2014

Gracias.
23 de noviembre de 2014

Queridos amigos: poco a poco, y sobre todo desde que me comunicaron el nombramiento como Párroco, se ha apoderado de mi una gran paz. La tarea del sacerdote es vivir en primera persona la alegría del encuentro con Cristo y servir a la felicidad de los hombres. Como dice san Pablo: Cooperadores de vuestra alegría. De la alegría de todos los hombres: no sólo de los que están aquí. La paz me viene de esta certeza: no llevo mi alegría, llevo la alegría de Cristo. Es Él quien actúa.

Me encuentro siendo padre y párroco con veintinueve años. Os pido perdón por mi corta edad y mi inexperiencia.

Vivir la paternidad es la aventura apasionante que me espera y cuyos frutos ya estoy viendo por la Gracia de Dios. Pero un padre es tal por la relación con todo aquello que genera y sobre todo porque forma parte de una historia de relaciones. Un padre sin familia no tendría razón de ser. Y la familia corrige al padre, lo ayuda, lo sostiene, reconoce el don y la tarea que Dios le ha encomendado. Mi juventud – lo sé con certeza, porque lo he visto – estará acompañada por vuestra ayuda y comprensión.

Cuando me ordené sacerdote, me di cuenta en seguida de que no se trata de ser el más listo o el más santo. Éstos son dones que hay que pedir y que sólo Dios otorga. Al sacerdote se le pide sobre todo que sea el primer centinela de las luces de la mañana, el primer testigo de la novedosa presencia de Dios en medio de nosotros. Este Dios que nos alcanza, nos primerea (como dice el papa Francisco), nos abraza, nos invita a descubrir incluso lo que pensábamos que era imposible vivir. Por lo tanto deseo vivir con vosotros la tarea de la educación a la fe, de la caridad y de la acogida, de la liturgia y de la celebración de los sacramentos. Presto especial atención a las familias jóvenes, a los chicos, a los más pobres entre nosotros.

Mi alegría y mi esperanza residen en que estoy rodeado de amigos y hermanos. Doy gracias a Dios por el don de la Fraternidad san Carlos, que se concreta en la presencia del P. Luis Miguel Hernández, que ha venido expresamente desde Portugal para traer el saludo de nuestro superior general P. Paolo Sottopietra.

Quiero dar las gracias por la presencia de mis hermanos que viven conmigo. La parroquia es una casa para todos solo porque una casa de sacerdotes, que viven una comunión real, es su núcleo vital. Ayudadme, queridos amigos, a no perder nunca la esperanza en esta comunión que tanto necesito.

Desde aquí veo a muchos amigos sacerdotes de la Diócesis y a familias, procedentes de nuestro barrio, de Madrid, Villanueva de la Cañada, Móstoles, Alcorcón, incluso Segovia… La amistad es un don que no he merecido, y vosotros me lo estáis recordando con vuestra presencia y oración. Gracias a los que han preparado esta liturgia, a la Cofradía, a los monaguillos, al coro, que hace concreta la belleza del encuentro con el Señor. Estoy agradecido y asombrado frente a tanta Gracia, la compañía de la Iglesia y del movimiento de Comunión y Liberación que me enseñan la presencia de Dios en mi vida.

Doy gracias a mi familia – están presentes mis padres – que me ha acompañado en estos años y me ha ayudado siempre a reconocer la positividad de la vida y reafirmarme en la fe. Y doy gracias a Don José y a Don Joaquín, por la confianza que han depositado en mí.

Al Párroco se le encomienda la hermosa labor de cuidar la fe de los feligreses. Pero voy entendiendo poco a poco que es la parroquia la que cuida de mi fe, siendo sin duda no una carga, sino el regalo más grande que ahora Dios me hace para que camine con Él. Veo la ternura de Dios que me acompaña y me da crédito. Os pido perdón por mis pecados y limites, que ya habéis empezado a conocer. Tened paciencia conmigo.

En este momento me siento como dice el salmo: levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre. Me pregunto qué es lo que Dios ha visto en mí, en nosotros, para amarnos hasta darnos todo esto. Pero el amor no se puede explicar, sino vivir. Caminemos juntos, sin olvidarnos de que Cristo es el Rey del universo y tiene un apasionado deseo de reinar en nuestra vida. Gracias a todos.

Una parroquia que quiere ser un lugar de comunión vivida.